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La formación del Sistema Solar



Para las diferentes creencias el origen de nuestro Sistema Solar tiene variadas causas, muy respetables todas ellas por cierto. Pero la ciencia tiene sus propios postulados y las teorías que lo sustentan están sólidamente afiatadas.

A partir de los descubrimientos de Edwin Hubble, astrónomo de fines del siglo XlX y de Albert Einstein, físico del siglo XX, el origen de los sistemas planetarios ha quedado claramente establecido.

La formación del Sol

Una nube gigante

Como sabemos, el Universo está formado en más de un 99 por ciento por átomos de Hidrógeno fundamentalmente y de Helio en menor cantidad, los que se agrupan en nubes inmensamente grandes que es imposible siquiera de imaginar.

En la medida que la nube va creciendo se van apretando más y más contra su centro debido a la atracción de la fuerza de gravedad. Así, el centro de la nube se va calentando cada vez más hasta que, debido a su alta temperatura, comienza a arder.

El inicio de la combustión también puede deberse a que una estrella vieja pudiera haber explotado en sus proximidades como posiblemente fue el caso de nuestro Sistema Solar hace 4.600 millones de años.

Un gran incendio

En el centro de la nube los átomos de hidrógeno comienzan a arder no como el fuego que podemos observar en una chimenea, sino que como reacciones termonucleares. Esto significa que los átomos de Hidrógeno se juntan unos con otros formando átomos de Helio y estos a su vez también se queman formando otros de los más variados tipos como Nitrógeno, Carbono y Oxígeno. El calor que se libera de estas reacciones termonucleares es el calor que irradian las estrellas durante toda su vida que en el caso de nuestro Sol es de 10.000 millones de años. El Sol y sus compañeros

Los sistemas planetarios están formados, básicamente, por una o más estrellas con sus planetas y posiblemente muchos satélites.

Nuestro Sistema Solar tiene solo una estrella: el Sol; nueve planetas y un poco más de 80 satélites descubiertos hasta ahora. La mayoría de ellos si es que no todos, se formaron al mismo tiempo que el Sol.

Los planetas se formaron de los mismos gases de Hidrógeno y Helio que formaron el Sol. El gas que estaba en la parte central de la nube formó el Sol y el gas restante que estaba más retirado del centro se condensó en grandes esferas que dieron lugar a los planetas.

El Sol es el que quema

El Sol es tan grande que posee el 99% de toda la materia que existe en el Sistema Solar. Cualquier anomalía que ocurriera en él, sería de consecuencias catastróficas para los planetas que lo acompañan. El Sol ha estado ahí tal como lo conocemos durante miles de millones de años y sin duda que continuará estándolo y sin alteraciones. No hay de que preocuparse…por ahora.

Los Planetas

Como ya hemos visto, entonces, el Sistema Solar se originó a partir de una enorme nube de gas de Hidrógeno y Helio que comenzó a arder en su centro. A consecuencia de esto nació el Sol y alrededor de él se formaron los planetas.

Los cuatro más cercanos a él son sólidos y los tres que le siguen son gaseosos. El que hasta hace poco era el noveno y último, Plutón, y que ahora perdió su condición de planeta, posiblemente no nació con el Sistema Solar.

Sólo fuego

Hace 4.600 millones de años, el Hidrógeno del Sol comenzó a arder y desde entonces se ha mantenido igual, fenómeno que se puede observar a simple vista.

Los cuatro primeros planetas fueron Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Al comienzo eran como pequeños soles que también ardían para luego enfriarse, ya que la cantidad de Hidrógeno que los componía era muy pequeña comparada con la que conforma el Sol que es un millón de veces mas grande que la Tierra.

Bombardeo constante

Estas bolas de fuego eran bombardeadas permanentemente por residuos minerales que flotaban en el espacio exterior producto de la explosión de una estrella vieja en las cercanías. Así transcurrieron millones de años y los cuatro planetas continuaron enfriándose y formando su corteza la que es sólo superficial ya que las capas interiores están formadas por minerales en forma líquida debido a las altas temperaturas. Los núcleos centrales son sólidos. Este fenómeno seda en Venus y la Tierra, puesto que Mercurio y Marte son planetas que ya se han solidificado enteramente y están literalmente muertos.

Mundos gaseosos

Los planetas Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno son enormes bolas de gas que nunca llegaron a arder porque reencuentran demasiados lejos y no reciben con fuerza su calor. Están compuestos por gases de Hidrógeno, Helio y Nitrógeno, fundamentalmente y su composición química se mantiene inalterada desde el origen del Sistema Solar.

Júpiter es mil veces más grande que la Tierra y es el mayor de los planetas del Sistema Solar.

Un invitado de piedra

En los confines del Sistema Solar se encuentra un pequeño planeta llamado Plutón que es sólido y sobre el cual no se sabe mucho debido a su lejanía. En la actualidad se cree que no se formó con los demás planetas sino que vino de otro sistema planetario de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

Los mensajeros del espacio

Los asteroides, meteoritos y cometas también forman parte de nuestro vecindario siendo sus orígenes muy distintos. Mientras los dos primeros se formaron con el Sistema Solar, los cometas vienen de otros mundos y nos visitan de tanto en tanto.

El planeta Tierra

En el Génesis del Antiguo Testamento se establece que Dios creó al mundo en seis días. En el primero creó la Tierra y la luz para diferenciar el día de la noche. En el segundo creó los cielos y en el tercero los continentes y la vegetación. El cuarto día fue para el Sol y la Luna, mientras que en el quinto fue para los animales acuáticos y las aves. En el sexto día creó a los demás animales y al hombre. El séptimo día descansó.

La Biblia y la Ciencia

Lo establecido en el Génesis es la interpretación bíblica de la creación que en nada se contradice con la evolución científica de los hechos. Las creencias tienen sus propias interpretaciones de cómo ocurrió la creación y todas coinciden y están de acuerdo en el sentido de qué realmente ocurrió.

Cuando la Tierra era sólo un bebé

De esto hace ya 4.600 millones de años. Nuestro planeta, junto con los demás, se formó a partir de la condensación de una gran nube de gas de Hidrógeno y Helio en grandes esferas que posteriormente se transformaron en los planetas como los conocemos hoy día.

La Tierra recién nacida era una bola de fuego ya que los gases de Hidrógeno y Helio ardían por todos lados debido a la cercanía del Sol. Así, transcurrieron los años y el planeta se comenzó a enfriar puesto que los gases que lo componían se consumían de prisa.

Visitantes del espacio exterior

Mientras la Tierra perdía temperatura era bombardeada por cuerpos provenientes del espacio exterior tales como meteoros, asteroides y cometas. De esta manera los elementos más pesados, como el Fierro, se hundían y pasaban a formar el centro del planeta. Los más livianos, como el Sílice, el Carbono y el Oxígeno conformaron las capas superficiales para luego dar origen a la corteza terrestre.

El Magma

Los gases en combustión y los cuerpos que impactaban a la Tierra se combinaron y formaron una sustancia llamada magma de aspecto viscoso parecida a la crema y de una temperatura del orden de los 5.000 grados centígrados. Como la corteza terrestre de los primeros años era muy delgada, el calor de las capas inferiores compuestas por el magma llegaba fácilmente a la superficie del planeta lo que lo transformaba en un infierno.

Los volcanes son los responsables

Entre la superficie de la Tierra y el magma que conformaba el resto del planeta se formaron unos túneles de conexión. Estos fueron los primeros volcanes que eran en realidad por donde fluía el magma hacia la superficie, tal como ocurre en la actualidad. El magma que venía de las capas inferiores a muy altas temperaturas se enfriaba y solidificaba al tomar contacto con la atmósfera exterior pasando a llamarse Lava.

Así se fue formando la corteza terrestre que ya lleva miles de millones de años engrosándose debido al magma que fluye a través de los volcanes, lo que puede apreciarse fácilmente en las erupciones volcánicas.




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