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Isla de Pascua



¿Cuento corto del planeta Tierra?


Por Jared Diamond
Adaptado de Discover Magazine del 01/08/95
Traducción de Patricio Chacón Moscatelli.


En sólo unos siglos, la población de Isla de Pascua arrasó con su bosque, llevó a la extinción a sus plantas y animales, y condujo a su compleja sociedad a una espiral de caos y canibalismo. ¿Estamos nosotros a punto de sufrir igual suerte?


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Entre los misterios más impactantes de la historia humana están los que surgen de las civilizaciones que desaparecieron. Todos los que hemos visto las ruinas de edificios abandonados de los Khmer, los Maya, o los Anasazi nos hacemos de inmediato la misma pregunta: ¿Qué hizo que desaparecieran esas sociedades, que fueron capaces de erigir esas admirables estructuras?

Su desaparición nos conmueve como nunca lo hará la desaparición de especies enteras de animales, incluso la de los dinosaurios. No importa cuan exóticas parezcan esas civilizaciones perdidas, sus forjadores eran tan humanos como nosotros. ¿Quién puede decir que nosotros no sucumbiremos al mismo destino? Quizá algún día los rascacielos de Nueva York estarán enhiestos, abandonados y anormalmente cubiertos de vegetación, como los templos en Angkor Wat y Tikal.

Entre todas las civilizaciones que desaparecieron, la antigua sociedad polinésica de la Isla de Pascua no ha sido sobrepasada en misterio y aislamiento. El misterio proviene sobre todo de las gigantescas estatuas de piedra de la isla y su paisaje empobrecido, pero se refuerza por nuestras asociaciones con las personas específicas involucradas: los Polinesios representan para nosotros lo máximo en el romance exótico, el fondo perfecto de la visión del paraíso para muchos niños, y también para muchos adultos. Mi propio interés en la Isla de Pascua surgió hace más de 30 años, cuando leí los relatos fabulosos de Thor Heyerdahl de su viaje en la balsa Kon-Tiki.

Pero mi interés se ha reavivado recientemente por un informe mucho más excitante, no de viajes heroicos sino de esmeradas investigaciones y análisis. Mi amigo David Steadman, un paleontólogo, ha estado trabajando con otros varios investigadores que están llevando a cabo las primeras excavaciones sistemáticas en la Isla de Pascua destinadas a identificar los animales y las plantas que una vez vivieron allí. Su trabajo está contribuyendo a una nueva interpretación de la historia de la isla que no sólo la hace un cuento de maravilla sino también de advertencia.

La Isla de Pascua, con una área de sólo 102,4 km2, es el trozo de tierra habitable más aislado del mundo. Queda en el Océano Pacífico, a más de 3.800 km al oeste del continente más cercano (América del Sur), incluso a 2.660 km de la isla habitable más cercana
(Pitcairn). Su situación subtropical y latitud --a 27 grados sur, está, aproximadamente, tan por debajo del ecuador como Houston está al norte del mismo-- le proporciona un clima bastante apacible, mientras sus orígenes volcánicos hacen fecunda su tierra. En teoría, esta combinación de bendiciones debió haber hecho de Pascua un paraíso en miniatura, lejano de los problemas que asediaron al resto del mundo.

La isla deriva su nombre de su "descubrimiento" por el explorador holandés Jacob Roggeveen, en la Pascua (el 5 de abril) de 1722. La primera impresión de Roggeveen no fue la de un paraíso, sino la de un terreno baldío: "Originalmente, desde una distancia considerable, pensamos que la Isla de Pascua era arenosa; eso fue porque confundimos con arena el pasto marchito, el heno chamuscado y el resto de vegetación quemada, porque su apariencia agotada no podía dar otra impresión que de la de una singular pobreza y esterilidad."

La isla que Roggeveen vio era un pastizal sin un solo árbol o arbusto que llegara a los diez pies de altura [3 m]. Los botánicos modernos han identificado sólo 47 especies de plantas altas nativas de la Isla de Pascua, la mayoría de ellas pastos, juncos y helechos. La lista incluye simplemente dos especies de árboles pequeños y dos de arbustos leñosos. Con tal flora, los isleños que Roggeveen encontró no tenían ninguna fuente de verdadera leña para calentarse durante los inviernos frescos, húmedos y ventosos de Isla de Pascua. Sus animales nativos no incluían nada que fuera más grande que insectos, incluso ni una sola especie de murciélago, ni aves terrestres, ni caracoles de tierra, ni lagartos. Como animales domésticos, sólo tenían gallinas.

Los visitantes europeos durante el siglo XVIII y comienzos del XIX estimaron la población humana de Pascua en aproximadamente 2,000 personas, un número modesto considerando la fertilidad de la isla. Como reconociera el Capitán James Cook durante su breve visita de 1774, los isleños eran polinesios (un Tahitiano que acompañaba a Cook pudo conversar con ellos). A pesar de la bien merecida fama de excelentes marineros de los polinesios, los pascuenses que salieron a recibir las naves de Roggeveen y Cook lo hicieron nadando o remando en canoas que Roggeveen describió como "malas y frágiles." Escribió que sus embarcaciones eran "pequeñas tablas unidas entre sí, cosidas diestramente con hilos de hierba retorcida.... Pero, por falta de conocimientos y particularmente de materiales para calafatear el gran número de junturas de las canoas, se les colaba mucha agua, por lo que gastaban la mitad del tiempo achicando." Las canoas eran de sólo diez pies de largo [3 m], para dos personas a lo sumo, y se observaron sólo tres o cuatro canoas en toda la isla.

Con tan débiles embarcaciones, los polinesios nunca habrían podido colonizar la Isla de Pascua, ni siquiera desde la isla más cercana, ni podían pescar lejos de la costa. Los isleños que Roggeveen encontró estaban totalmente aislados, y no sabían que existieran otras personas. Desde esa visita en adelante, los investigadores no han descubierto ningún rastro de que los isleños hayan tenido cualquier tipo de contacto con el exterior: ni una sola piedra o producto de la Isla de Pascua se ha encontrado en otras partes, ni nada se ha encontrado en la isla que pudiera haber sido traído por nadie que no fueran los colonos originales o los europeos. Aun así, los nativos de la Isla de Pascua cuentan historias de visitas a las islas de Salas y Gómez, pequeño archipiélago deshabitado distante 494 Km ., totalmente fuera del alcance de las resquebrajadas canoas vistas por Roggeveen. ¿Cómo alcanzaron los antepasados de los isleños esos islotes desde la Isla de Pascua, o cómo llegaron a la Isla de Pascua desde donde quiera que vinieran?


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Lo más famoso de la Isla de Pascua son sus enormes estatuas de piedra, los moais, de los cuales más de 200 estuvieron alguna vez parados en macizas plataformas de piedra, alineados frente a la costa. Por lo menos 700 más, en todas las fases de fabricación, estaban abandonados en las canteras o en los antiguos caminos entre las canteras y la costa, como si los talladores y las cuadrillas de transporte hubieran botado sus herramientas y dejado súbitamente su trabajo. La mayoría de las estatuas erigidas se tallaron en una sola cantera y entonces, de algún modo, transportadas hasta 9,6 km --a pesar de sus alturas de hasta 10 m y de pesos hasta 82 toneladas. Las estatuas abandonadas, entretanto, llegaban hasta los 65 19.6 m y pesaban hasta 270 toneladas. Las plataformas de piedra eran igualmente gigantescas: hasta 152 metros de largo y 3 de alto de alto con piezas frontales que pesan hasta 10 toneladas.

El propio Roggeveen reconoció de inmediato el problema que planteaban los moais: “Desde un comienzo las estatuas de piedra nos causaron gran asombro" escribió, "porque no podíamos comprender cómo era posible que estas personas, que no tienen buena madera como para hacer máquinas ni vegetación para trenzar sogas resistentes, no obstante habían podido erigirlas." Roggeveen podría haber agregado que los isleños no tenían ruedas, ningún animal de tiro, y ninguna fuente de poder excepto sus propios músculos. ¿Cómo transportaron las gigantescas estatuas durante millas? Y luego, ¿cómo las erigieron? Para ahondar el misterio, las estatuas estaban todas erguidas en 1770, pero en 1864 todas habían sido botadas al suelo por los mismos isleños. ¿Por qué las tallaron? ¿Y por qué dejaron de hacerlo?


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Las estatuas implican una sociedad muy diferente de la que Roggeveen vio en 1722. El número y tamaño de los moais hacen pensar en una población mucho mayor que 2.000 personas. ¿Qué pasó con los demás? Además, esa sociedad debe de haber sido muy organizada. Los recursos de Pascua estaban esparcidos por toda la isla: la mejor piedra para estatuas se sacó de una cantera en Rano Raraku, un volcán al extremo nordeste de Pascua; la piedra roja, usada para las grandes coronas que adornan algunas de las estatuas, se sacó de una cantera en Puna Pau, en el interior y al sudoeste; las herramientas de piedra dura para tallar salieron principalmente de Aroi, en el noroeste. Entretanto, las mejores tierras de labrantío están en el sur y en el este, y las mejores zonas de pesca están en las costas norte y oriental. Extraer y redistribuir todos estos bienes requería una compleja organización política. ¿Qué le pasó a esa organización? Además, ¿cómo pudo surgir alguna vez en tan yermo paisaje?

Los misterios de Isla de Pascua han generado volúmenes de especulación por más de dos siglos y medio. Muchos europeos no creían que los polinesios --normalmente caracterizados como "meros salvajes" -- pudieran haber creado los moais o las bellamente construidas plataformas de piedra. En los años cincuenta, Heyerdahl planteó la idea de que la Polinesia debe haber sido fundada por sociedades avanzadas de indios americanos, los que, a su vez, deben haber recibido la civilización desde el Atlántico de las sociedades más avanzadas del Viejo Mundo.

Los viajes en balsa de Heyerdahl trataban de demostrar la viabilidad de tales contactos transoceánicos prehistóricos. En los años sesenta el escritor suizo Erich von Däniken, un creyente ferviente de que la Tierra es visitada por astronautas extraterrestres, fue más allá, planteando que los moais de Isla de Pascua eran el trabajo de seres inteligentes que poseían herramientas ultramodernas, que quedaron extraviados temporalmente en Pascua, y que fueron posteriormente rescatados.

Tanto Heyerdahl como Von Däniken dejaron de lado la evidencia aplastante de que los Isleños de Pascua eran polinesios típicos, derivados desde Asia en vez de serlo de América y que su cultura (incluyendo sus estatuas) surgió de las culturas de la polinesia. Su idioma era polinesio, como Cook ya había comprobado. Específicamente, ellos hablaban un dialecto polinesio oriental, relacionado con el Hawaiano y el de las Islas Marquesas, un dialecto aislado desde el año 400 d.C., como se puede deducir de pequeñas diferencias en el vocabulario. Sus anzuelos y azuelas de piedra se parecen a los antiguos modelos de las Marquesas. El año pasado se extrajo ADN de 12 esqueletos de la Isla de Pascua y también eran polinesios.

Los isleños cultivaban plátanos, taro, batatas [papa dulce o camotes], caña de azúcar y morera de papel --típicos cultivos polinesios, principalmente originarios del Sudeste Asiático. Su único animal doméstico, la gallina, también era típicamente polinesia y finalmente asiática, como lo eran las ratas que llegaron como polizones en las canoas de los primeros colonos.
¿Qué les pasó a esos colonos? Las fantásticas teorías del pasado deben dar paso a las evidencias recogidas por los esforzados trabajadores de tres campos científicos: la arqueología, el análisis de polen y la paleontología.

Las excavaciones arqueológicas modernas en Pascua han continuado desde la expedición de Heyerdahl en 1955. Las más tempranas fechas obtenidas por radiocarbono, asociadas con actividades humanas, son de alrededor del 400 al 700 d.C., en acuerdo razonable con la fecha aproximada del 400 d.C. estimada por los lingüistas. El período de construcción de las estatuas alcanzó su máximo alrededor del 1200 al 1500, con una que otra, si es que hubo alguna, que se erigiera después. Las densidades de sitios arqueológicos hacen pensar en una población grande; una estimación ampliamente citada por los arqueólogos es la de 7.000 personas, pero otras estimaciones llegan al rango de 20.000, lo que no parece inverosímil para una isla de la fertilidad del área en que está la Isla de Pascua.


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Los arqueólogos también han contratado a los actuales pascuenses para realizar experimentos orientados a deducir cómo pudieron haber sido talladas las estatuas, y cómo pudieron haber sido erigidas. Veinte personas, usando solamente cinceles de piedra, pueden tallar la estatua completa más grande en un plazo no mayor de un año.

Habiendo bastante madera y fibra para hacer sogas, equipos de a lo sumo unos cientos de personas podrían cargar los moais en trineos de madera, podrían arrastrarlos por huellas de madera lubricadas o con rodillos de madera, y podrían usar troncos como palancas para colocarlos en su posición, de pie. La soga podría haber sido hecha de la fibra de un pequeño árbol nativo, relacionado con el tilo, llamado hauhau. Sin embargo, este árbol es ahora sumamente escaso en Pascua, y para arrastrar una estatua se habrían requerido centenares de metros de soga. ¿Fueron los pascuenses los que convirtieron en el yermo actual al paisaje que alguna vez pudo albergar los árboles que fueron entonces necesarios?

Esa pregunta puede contestarse por la técnica del análisis de polen, que requiere la perforación de una columna de sedimento de un pantano o estanque, la que mostrará los depósitos más recientes encima y los depósitos relativamente más antiguos en el fondo. La edad absoluta de cada capa puede ser fechada por el método del radiocarbono. Entonces empieza el trabajo duro: examinar decenas de miles de granos de polen bajo un microscopio, contándolos, e identificando las especies de la planta que produjo cada uno de ellos, comparando los granos con el polen moderno de las especies de plantas actuales conocidas. En la Isla de Pascua, los científicos que realizaron esa tarea fueron John Flenley, ahora en la Universidad de Massey en Nueva Zelanda, y Sarah King de la Universidad de Hull en Inglaterra.

Los esfuerzos heroicos de Flenley y King fueron premiados por el impactante nuevo cuadro que surgió del paisaje prehistórico de Pascua. Durante por lo menos 30,000 años antes de la llegada humana y durante los primeros años de la ocupación polinesia, la Isla de Pascua no era en absoluto terreno baldío.

Todo lo contrario: un tupido bosque subtropical de grandes árboles y arbustos leñosos coronaba una tupida capa de arbustos, hierbas, helechos y pastos. En el bosque crecen árboles primorosos, los hauhau --que sirven para hacer sogas-- y los toromiros, que dan una madera densa, muy buena como leña. El árbol más común en el bosque era entonces una especie de palma ausente ahora en Pascua pero que anteriormente era tan abundante que los estratos del fondo de la columna del sedimento estaban empaquetados en su polen. La palma de la Isla de Pascua está estrechamente relacionada con la Palma Chilena, que todavía sobrevive en Chile, la que crece hasta 25 m de alto y 1,80 m de diámetro. Los troncos altos y sin ramas de la Palma de Isla de Pascua habrían sido ideales para transportar y erigir los moais, y también para construir grandes canoas. La palma también habría sido una valiosa fuente de alimentos, ya que sus parientes chilenas producen abundantes nueces comestibles y savia de la que los chilenos hacen azúcar, jarabes, miel, y vino.




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